Martes, 23 de mayo de 2017
Hoy, estamos un paso más cerca de emprender nuestra aventura hacia las tierras que, como nosotros, un explorador en 1492 trató de descubrir...
Ha sido el día de solicitar los visados. Ha sido EL DÍA. La labor de hoy, rutinaria para algunos en sus viajes, ha sido para nosotros un auténtico desafío antes de empezar la travesía hacia las costas asiáticas.
Con asombrosa facilidad y, en apenas diez minutos, hemos logrado obtener la primera de las dos aprobaciones que requerimos para nuestro proyecto, el de Turquía. Genial, ya estábamos un paso más cerca de nuestro destino, pensé... ¡Sólo quedan 4500 km más!
En este punto, nos quedaban unas 3 horas de agobiante, paciente y caluroso visado indio, que si es correcto todo lo que hemos leído, habrá sido un entrenamiento perfecto para nuestro primer contacto con la cultura local. No obstante, haré hincapié en lo sucedido:
A las 12 del mediodía (hora española), nos decidimos a gestionar, al fin, los trámites para adquirir documentos de entrada a los dos países. Sophie, que tenía claro dónde y cómo resolver todo el papeleo, y desde el otro lado del teléfono, me enviaba el enlace a la página web para solicitar el permiso de Turquía. Se nos pedía que rellenásemos un formulario on-line con algunas preguntas y datos típicos (cosas como el nombre, el número del pasaporte, fecha de nacimiento, etc). Todo muy sencillo y rápido de completar. En un cuarto de hora, ya habíamos pagado las tasas y conseguido el impreso.
Motivados por el éxito y lo insignificante que había resultado el proceso, emprendemos la que sería una más que ardua y costosa tarea. Para empezar, entrar la página web en la que Sophie se encontraba, ya había sido todo un reto. Entre cientos de direcciones que parecían ofrecer el mismo servicio, debía encontrar la que tenía "los camellos", según decía mi capitana. A las 12:32 pm empezaba la auténtica odisea. El barco necesita de mi intervención, reservaré los detalles de ésta para la próxima página de mi cuaderno.
A las 12 del mediodía (hora española), nos decidimos a gestionar, al fin, los trámites para adquirir documentos de entrada a los dos países. Sophie, que tenía claro dónde y cómo resolver todo el papeleo, y desde el otro lado del teléfono, me enviaba el enlace a la página web para solicitar el permiso de Turquía. Se nos pedía que rellenásemos un formulario on-line con algunas preguntas y datos típicos (cosas como el nombre, el número del pasaporte, fecha de nacimiento, etc). Todo muy sencillo y rápido de completar. En un cuarto de hora, ya habíamos pagado las tasas y conseguido el impreso.
Motivados por el éxito y lo insignificante que había resultado el proceso, emprendemos la que sería una más que ardua y costosa tarea. Para empezar, entrar la página web en la que Sophie se encontraba, ya había sido todo un reto. Entre cientos de direcciones que parecían ofrecer el mismo servicio, debía encontrar la que tenía "los camellos", según decía mi capitana. A las 12:32 pm empezaba la auténtica odisea. El barco necesita de mi intervención, reservaré los detalles de ésta para la próxima página de mi cuaderno.
No obstante, os adelanto que nuestro ánimo está intacto y seguimos con muchísimas ganas de poner pie en esas, ya no tan lejanas, tierras.
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